martes, 18 de enero de 2011

Nada es para siempre

Como cada mañana Lucía inicio su rutina. Después de levantarse y ducharse se preparo un café bien caliente. Lo que no imaginaba es que su vida podría cambiar ese día para siempre.

Se maquillo y vistió lista para irse a trabajar. Salió a la calle y encamino sus pasos a la parada del autobús. Sin prisa caminaba pensando en las cosas que tenía que hacer cuando llegara a la oficina. Llamar a unos clientes, seguir los pedidos emitidos la tarde anterior, y sobre todo no olvidar felicitar a su compañera Teresa. Hoy era su cumpleaños y ya q no tenía familia ni muchos amigos, quería animarla un poco y para ello le llevaba un pequeño regalo. Un pañuelo de esos que tanto le gustaba llevar al cuello a Teresa.

Alguien desde un coche cercano la miraba atentamente. La vio llegar a la parada y esperar. No arrancó su coche hasta que ella subió y comenzó a seguir el autobús. Deteniéndose en el momento en que Lucía bajo. Y esperó allí aparcado mientras ella entraba en el gran edificio de oficinas. ¿Qué pasaría por la cabeza de aquel hombre? Solo él lo sabía. Nadie estaba al tanto de que llevaba semanas vigilándola, siguiendo cada uno de sus pasos y estando al tanto de cada cosa que hacía y lugar que visitaba. ¿Con qué intenciones?

Lucía comenzó a realizar todas las tareas que tenía, y claro está lo primero fue felicitar a Teresa. Quedó con ella para ir a comer juntas y entonces le daría su regalo. Habló con sus clientes, confirmo la entrega de los pedidos y preparo unas cartas para su jefe. Termino todo eficientemente como siempre para poder salir a las tres a comer con Teresa. Eligieron un restaurante asiático que había cerca de su oficina. Les gustaba ir allí de vez en cuando. Tenían gustos diferentes. Mientras a Teresa le gustaba más la comida china, Lucía siempre pedía el menú japonés compuesto por la sopa miso, un variado de sushi y pollo teriyaki. Siempre acabando con un café bien caliente.

A Teresa le encanto el pañuelo, y se lo puso allí mismo. Hablaron del pasado, de sus infancias y los sueños que esperaban cumplir y nunca pudieron. Mientras Teresa nunca había llegado a tener una pareja estable nunca, Lucía recordó con ella todo lo que había planeado para su futuro con Alberto, su ex novio. Pasaron juntos más de 5 años. Con un comienzo muy feliz, él era maravilloso. Cariñoso, detallista, siempre sorprendiéndola…

Hasta que como le explico a Teresa un día recibió una sorpresa que nunca espero. Estando preparando su boda ellos visitaron varios locales donde celebrar el banquete. Tras una de esas visitas ella le dijo cuanto le gustaba ese sitio. A él no pareció gustarle y quería que fuera en otro de los sitios que visitaron. Ella demostró su contrariedad y comenzaron una discusión, en un momento que ella ni recuerda él levanto su mano rápidamente y la dirigió a su cara propinándole un bofetón. Lucía no podía creer lo que estaba viviendo. Se alejo de allí corriendo.

Sin pensarlo dos veces abandono la casa que compartían, y no quiso volver a verlo nunca más. No respondió sus mensajes ni llamadas. No hizo caso de los recados que él le mando con amigos comunes, a los que ella decidió dejar de ver también. Y comenzó una nueva vida en otra ciudad. Intentando olvidarlo todo poco a poco. Aunque aquello la dejo tan tocada que le costó volver a confiar en ningún hombre de la misma manera. Pero como le dijo a Teresa, el tiempo y la distancia al menos la dejaban ser feliz en mayor o menor medida de nuevo. En su trabajo y con sus nuevas amistades.

Se despidieron y pasando antes por el supermercado decidió volver a casa dando un paseo. En la esquina se encontró con una vecina suya mayor, y comenzaron a charlar. Era una anciana muy amable que le recordaba a su abuela y siempre tenía una palabra cariñosa para ella. Se despidieron con un cálido abrazo. Siguió su camino hasta la entrada a su casa. Una pequeña vivienda de dos plantas en un tranquilo barrio. No se percato de que el mismo coche que esperaba su salida aquella mañana estaba frente a ella.

Entro en su casa y como siempre lo primero que hizo fue quitarse los altos tacones que llevaba. Dejo en la cocina su compra y subió a cambiarse de ropa para ponerse algo cómodo. Y después de hacerse una coleta en su larga melena rubia bajo de nuevo a la cocina para guardar las pocas cosas que había comprado. Decidió prepararse un zumo y leer un rato. Tenía muchas ganas de saber cómo terminaba la novela que estaba leyendo. Le quedaba ya muy poco y esperaba un final feliz en la historia. Corrió las cortinas de la planta baja, encendió una lamparita y se acomodo en su sofá con una pequeña manta muy acogedora que la hacía sentir como cuando estaba en casa de sus padres cuando era pequeña.

Cuanto le gustaba aquel libro, buscaba la manera de identificarse con la protagonista y esperaba que consiguiera lo que tanto deseaba, igual que ella hizo. Sin darse cuenta se fue pasando el tiempo y cuando miro el reloj que tenía colgado en la pared vio que eran más de las once. Había estado tan metida en la lectura que ni había sentido hambre. Se levanto decidida a prepararse un sándwich y un vaso de leche. Al volver al salón escucho ladrar a los perros de su vecino. Pero como era algo normal no le dio importancia. Cuando dejaba la bandeja en la mesa baja frente al sofá escucho que llamaron a la puerta. Le extraño mucho ya que no esperaba a nadie ese día y menos a esas horas.

Se encamino a la puerta y miro por la mirilla pero no vio a nadie. La curiosidad hizo que abriera la puerta para ver si había alguien en la zona. Entonces antes de que la abriera completamente alguien la empujo fuertemente hacia dentro. Abalanzándose sobre ella cerró la puerta con el pie y entonces pudo ver quien había entrado en su casa. -¡Alberto!-grito horrorizada. Se quedo paralizada y sin saber que decir. Entonces pudo ver que llevaba en su mano una pistola. Quiso gritar pidiendo auxilio, pero él fue más rápido y puso su fuerte mano sobre su boca y la empujo contra la pared.

-Déjame hablar, solo quiero decirte todo aquello que no quisiste escuchar hace años.- dijo mirándola a los ojos, llenos de pánico- Lo intenté mil veces, y no me dejaste hacerlo de ninguna manera.

Ella solo pensaba en cuando la dispararía, en si le daría tiempo a que pudiera avisar a sus vecinos y que la ayudaran. Pero interiormente sabía que no podría conseguirlo. Era cuestión de segundos que él apretara el gatillo y muriera.

-Te quería, no imaginas cuanto. Es más te sigo amando. Cometí el mayor error de mi vida cuando te di aquella bofetada y lo he pagado con mucho dolor y con tu perdida. No pude estar de nuevo con nadie, porque veía tu cara, tus ojos, tus manos en cada mujer que se cruzaba conmigo. Y ahora después de tanto tiempo buscándote, esperando volver a tenerte frente a mi… - hizo una pausa que a Lucía le pareció eterna- te tengo aquí, puedo mirarte, tocarte. Venía con una sola idea. La de matarte, no podía concebir que fueras de nadie si no eras mía. Pero… - volvió a silenciar sus palabras y ella solo pensaba cuando tardaría en disparar- ahora que te tengo delante, miro tus ojos. Veo esos ojos que tanto he soñado, veo el miedo en ellos. Y sé que no mereces esto. Tú no tienes la culpa de que no te tenga, ahora entiendo que la culpa es mía al contrario de lo que pensé todos estos años.

Ella comenzó a llorar. Dos grandes lagrimas empezaron a descender por sus ojos, mejillas hasta llegar a mojar la mano que él apretaba contra su boca.

-No llores amor mío. No te hare daño. Eres tan pura… y yo dañe esa pureza con mi torpeza. Ahora sé que quien merece morir soy yo por dañarte. Te amo Lucía. Espero que algún día me perdones por tanto daño. Yo jamás podre perdonarme el haberte perdido. Te amo mi ángel.

Entonces separando lentamente la mano que cubría su boca, él acerco sus labios a los de ella. Y tras rozarlos lentamente. Levanto su otra mano contra su sien y disparo rápidamente. Cayendo ante ella mortalmente.

11 comentarios:

Sandra dijo...

Uff, me has tenido enganchada desde la primera palabra escrita. Qué valiente fue ella al dejar a aquél que, un día, decidió sacar su mano a pasear y agredirla. Cobarde él, por haberlo hecho y por acabar con su vida para quitarse de en medio, sin atreverse a luchar por ser feliz. Y, por supuesto, valiente tú, por escribir una historia tan dura y, por desgracia, tan normal en el mundo en el que vivimos.

Muy buena entrada, Dámaris. Un besazo.

Alondra dijo...

Uffff!!! precioso cuento y muy bien llevada la intriga y la moraleja, pero Lucía no se merecía quedarse con la imagen de ese bruto levantándose la tapa de los sesos.
Besitos

Melodi Inetiketable dijo...

Hola compi de blog ^^
Andaba echándole un vistazo a los blogs y creo
que te puede interesar el mío si te gusta leer literatura personal,
informarte sobre la actualidad (belleza, salud, videojuegos) y debatir
sobre los acontecimientos de la vida y filosofar un poco.

http://insolitadimension.blogspot.com/

Únete si lo deseas. Gracias ^^

Momento para deconectar dijo...

Muy bueno lo que has escrito!
Encantada de haber pasado por tu blog.
Yo estoy empezando con uno,espero que puedas visitarlo y te guste.
Besoss

Raul dijo...

ains

Elperroverde dijo...

Bonito relato, espero visitarte mas veces. me gusto

Rud dijo...

Un relato que me atrapó, como la novela que leía Lucía; con un final realmente escalofriante.
¡Qué bien escribes!
Cordiales saludos

Rud dijo...

Paso a saludarte; pensé que ya habías escrito otro buen relato.
Cordiales saludos

Rud dijo...

¿Estás bien?

Rud dijo...

Hola,
Pensé que ya habrías escrito otro gran relato
Cordiales saludos

Anónimo dijo...

Lucía parecía no conocerle bien, pienso que nada justifica dañar a la persona que amas, si lo haces, es que todo el sentimiento que te une a esa persona es falso, incluso si te es infiel y lo descubres. Ni con esa causa.


turetrachasdeviento.blogspot.com/

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